“…Después de ver cómo ha evolucionado la población de Castilla y León desde
múltiples perspectivas (local, comarcal, provincial, de Comunidad), no puede
por menos de plantearse una cuestión: ¿cómo se ha llegado a esto? En definitiva
aquí estamos ante el Capítulo XI, dedicado a intentar comprender lo sucedido en
el mundo rural de Castilla y León en estos 15 años y aún en los 30 anteriores,
pues en definitiva y como dice el refrán: “en éstos se recogió lo que en
aquéllos se sembró” o, “de aquellos polvos estos lodos”. No es la primera vez
que se escribe sobre estos temas y, por tanto, muchos factores ya han sido
aducidos por otros autores. Aquí planteo una visión muy personal de lo sucedido
y el lector juzgará si merece la pena su lectura o tan sólo es un fruto de una
mente calenturienta, pues las próximas líneas están escritas más desde el
sentimiento que desde elementos cuantificables, por ello, si el comentario le
resulta peregrino, desenfocado, desagradable, duro o agrio, júzguese a la vista
del paisaje en el que se inserta.
Los tres
tristes tigres son distintos, pues son distintos enfoques de la misma realidad.
El primero
de ellos, “El destino del proverbial
ahorro rural”, es una breve descripción, siguiendo el acontecer de una
ficticia familia, de lo sucedido con el destino del fruto de la paciencia, del
esfuerzo, y de la casi legendaria capacidad de ahorro de las familias del medio
rural de Castilla y León, parte de cuyos ingresos (no lo olvidemos), durante
décadas han sido las ayudas públicas a las producciones agrarias en sus
múltiples denominaciones. Por otra parte, dicho ahorro siempre ha sido drenado,
entre otros agentes económicos, por la red de sucursales de las Cajas de
Ahorros Provinciales y Rurales, presididas y gestionadas por los más egregios
representantes de nuestras más altas instituciones, para reinvertirlo en… (no
tengo ni idea, pero en desarrollo rural parece ser que no, y en crear un
músculo industrial o financiero regional…, a la vista está que tampoco).
El segundo, “Metidos a casamenteros… de municipios”,
se dedica a intentar comprender el resultado práctico de la fusión, anexión,
agregación o unión de municipios que se efectuó en los años sesenta del siglo
pasado en numerosas comarcas y provincias de la Comunidad. El
fenómeno, como se demuestra en el Anexo XV, sucedía antes de esa década y
también después, pero no con tal intensidad. Parece importante detenerse a ver
cuáles han sido, después de casi cincuenta años, los efectos de aquella
política de reducción del número de municipios, especialmente ahora que algunos
políticos y opinantes varios parecen haber descubierto que hay muchos y que
quizá, con bastantes menos, las cosas irían mejor. En definitiva, hay una
experiencia previa, veamos sus efectos y, si han sido positivos, aprendamos
para hacerlo mejor y, si han sido negativos, aprendamos también para no volver
a errar.
El tercero, Pío,
pío que yo no he sido, o “entre todos la mataron y ella sola se murió”, es también una reflexión aún más
personal, si cabe, acerca de cómo ha sido posible llegar a la situación actual
desde otro enfoque: una aproximación a quién o quiénes han gestionado y tomado
(o dejado de tomar), las decisiones en esta Comunidad desde hace décadas. El
objetivo es el mismo, y no es otro que reflexionar, hacer balance de la
experiencia, en ningún modo molestar ni buscar polémica. Para algún lector
quizá sobre este relato y hasta arruine la totalidad del libro, para otros
quizá merezca la pena porque consideren que sí, que tiene algo que ver con el
tema que nos traemos entre manos...”
(Nota: El resto del capítulo podrán consultarlo en la
edición completa en soporte papel)
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